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Editorial

El espejo brasileño

El proyecto Mato Grosso arrancó hace cuatro décadas. Hoy es líder mundial en cereales y ganado.

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cultivos de algodón en Mato Grosso. Foto: Scheffer

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Hay dos regiones en Suramérica que tienen características similares, pero desarrollos muy opuestos. Una de ellas registró una gran transformación en las últimas décadas, es una de las principales despensas de alimentos del mundo, está en constante crecimiento, y la otra, aunque tiene inmenso potencial, hasta ahora comienza a despegar.
El territorio transformado es Mato Grosso, uno de los 26 estados de Brasil, con una extensión de 903.000 kilómetros cuadrados, equivalente al 80 por ciento del territorio de Colombia y al 10,6 por ciento de Brasil; la otra región es la Orinoquia colombiana, con 251.000 kilómetros cuadrados, el 22 por ciento del territorio nacional.
Las dos extensas regiones tienen grandes posibilidades, pero la diferencia principal es que en el vecino país la alianza entre el gobierno y el sector privado logró un impresionante cambio en cuatro décadas.
“El caso de Mato Grosso demuestra los beneficios de décadas de esfuerzos públicos y privados, con un aumento de hectáreas cosechadas en productos en los que se convirtió en líder nacional y mundial”, dice Fedesarrollo, en su estudio “Propuesta para el Desarrollo de la Orinoquia Colombiana”.
Mato Grosso debe ser un espejo para la Orinoquia. Es el principal productor de cereales del país y del mundo; exporta soya, maíz, azúcar, café, algodón, naranja, ganado bovino, pollo y cerdo; y es, después de Estados Unidos, el segundo productor mundial de etanol, un biocombustible derivado de la caña de azúcar.
Ese estado aporta el 13,5 por ciento de toda la actividad agropecuaria de Brasil, una participación importante teniendo en cuenta que el sector agroindustrial del vecino país representa el 25 por ciento del PIB y es uno de los grandes empleadores. Este milagro agrícola se tradujo en un aumento sustancial de su comercio exterior. El año pasado Brasil registró una cifra récord de exportaciones agropecuarias, 164.400 millones de dólares, de los cuales Mato Grosso tuvo un aporte importante.
En 2024, en Mato Grosso se produjeron 86 millones de toneladas de alimentos, siendo la soya su producto estrella con cerca de 40 millones de toneladas, de las más de 140 millones de toneladas anuales que produce el gigante suramericano. La producción de granos de esta región brasileña es prácticamente igual a la de toda Argentina. En soya supera a Ucrania, Rusia, Canadá, Serbia y Paraguay juntas.
Gracias a la agroindustria, la economía de esta región brasileña creció más del doble del promedio del país y se convirtió en el mayor polo del desarrollo agrícola. El buen desempeño del sector agroindustrial se tradujo en que el recaudo de impuestos locales y nacionales se multiplicó por tres en esos años, lo que permitió realizar inversiones en beneficio de la comunidad (ver gráfico).

Una alianza ganadora

Su desarrollo empezó en 1980. Según Fedesarrollo, hace 45 años tenía un poco más de un millón de hectáreas cultivadas, en el año 2000 aumentó a cinco millones y en 2022 superaba los 20 millones de hectáreas (ver gráfico). Este crecimiento está basado en cultivos a gran escala, el impulso a las cadenas productivas y el apoyo de entidades como la Empresa Brasilera de Investigación Agropecuaria, Embrapa.
“Hoy somos la cuarta mayor agricultura del mundo, pero esperamos ser la tercera en 10 años o menos”, dice Alexandre Mendonça, ingeniero agrónomo de Brasil y consultor en temas de agroindustria. En diálogo con Llano 7 Días, este experto internacional dice que la Orinoquia “es un nuevo Mato Grosso, un gigante dormido”. Además, tiene muchas ventajas porque la Altillanura tiene más niveles de lluvia que Mato Grosso y las distancias para sacar la producción y llegar a los puertos son infinitamente menores.
“Estoy fascinado con su potencial y sorprendido de que Colombia teniendo semejante riqueza importe casi 10 millones de toneladas de cereales al año”, afirma Mendonça. En efecto, en el país se importa más del 80% de estos alimentos para la cría de animales, lo que encarece los costos de producción.
Reconoce que para potenciar la Orinoquia es necesario el apoyo del gobierno. “No puede haber una agricultura moderna sin el impulso de la nación, eso es de matemáticas simples. Se necesitan altos niveles tecnológicos, carreteras, ferrocarriles, créditos con tasas de interés competitivas, adecuada logística, cadenas de frío, conectividad, internet”. Mendoça destaca el papel de Embrapa, que hizo un trabajo importante en el estudio de la región, en cómo fertilizar los suelos, adaptar los cultivos, integrar los sistemas productivos a las zonas tropicales y lograr el crecimiento exponencial en maíz y soya.
Todo el conocimiento de Brasil en el desarrollo de la agroindustria puede estar a disposición de Colombia. Pero se necesita voluntad política, hacer inversiones y tomar las medidas necesarias para lograrlo reformando, por ejemplo, la legislación agraria, ya que Brasil, a diferencia de Colombia, no tiene problemas de tierra que hay en la Orinoquia y que se han constituido en uno de los principales obstáculos a la hora de hacer nuevos emprendimientos.
fabrica

Silos para la producción de cereales en Mato Grosso. Foto:Scheffer

Innovación brasileña

La familia Scheffer fue una de las pioneras en el desarrollo de Mato Grosso. En 1986 iniciaron el cultivo de soya en 400 hectáreas. Ocho años después sembraron maíz y posteriormente algodón. En 2010 incursionaron en ganadería y en 2019 llegaron a la Orinoquia y se establecieron en El Viento, en Cumaribo, Vichada.
Hoy es el Grupo Scheffer y tiene 225.000 hectáreas cultivadas en dos cosechas en Brasil donde producen alrededor de 140.000 toneladas de maíz, y 388.000 toneladas de soya, además de algodón. En Colombia arrendaron fincas y tienen cultivos de soya y maíz en 7.000 hectáreas. Una de sus características es que aplican el modelo de agricultura regenerativa que permite un uso más sano del suelo, sustituyendo los productos químicos por biológicos, amigables con el medio ambiente, preservando la vegetación nativa y haciendo rotación de cultivos, entre otras prácticas.
Paulo Moreira, gerente la Operación de Granos de Soya y Maíz de Scheffer, dice que quedan muy pocas fronteras agrícolas en el mundo, no más de tres o cuatro, que tienen adecuadas condiciones de luminosidad, tierras planas, disponibilidad de agua, no requieren ser taladas y no están cerca a centros urbanos. Una de ellas es la Altillanura que tiene acceso a los dos océanos y las distancias a los centros de consumo son cortas.
En Mato Grosso quedan cada vez menos hectáreas para sembrar, tal vez cuatro millones, en cambio en la Orinoquia hay millones disponibles. “El mundo necesita aumentar la producción de comida para alimentar a más de 2.500 millones de personas adicionales en los próximos años. Esa comida debe venir por aumento de productividad y por áreas nuevas”, asegura Moreira.
A igual que Fedesarrollo, Mendonça y expertos del sector, Moreira coincide en que las inversiones en la Orinoquia se pueden hacer siempre y cuando se solucione el obstáculo de la seguridad jurídica de las tierras. “Comprar tierra hoy es muy complicado porque no se sabe si te la van a quitar o si viene alguien a reclamarla, lo que inhibe la inversión” dice.
Mato Grosso es el ejemplo para seguir en la Orinoquia colombiana. Su productividad, sus inversionistas, las alianzas público-privadas, los cultivos a gran escala, el mejoramiento de las condiciones de vida de sus habitantes, el aporte a la economía del país, todo esto debe servirnos para seguir con este modelo ganador.

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