Entre Puerto López y Puerto Gaitán, en el departamento del Meta, esta uno de los mayores complejos agroindustriales del país, dedicado a la producción de etanol carburante, un combustible renovable que se elabora a partir del cultivo de caña de azúcar.
Se trata de Bioenergy, una empresa que revolucionó el mercado de biocombustibles en Colombia y que demostró que el cultivo de la caña de azúcar no era exclusivo del Valle del Cauca, sino que podía salir adelante en la Orinoquia. Pocos creyeron en “este milagro”, debido a la baja calidad de los suelos, que son muy diferentes y ácidos frente a otras regiones, y pensaron que era una apuesta muy arriesgada.
Pero, después de sortear muchos obstáculos, de pasar por varias manos, entre ellas Ecopetrol, que la puso en plena operación en 2009, y de estar a punto de la liquidación en el 2020, en plena pandemia, la planta de producción El Alcaraván, de Bioenergy, alzó vuelo y pasó a manos de inversionistas privados colombianos, con nuevos bríos y un futuro promisorio, gracias al trabajo de cientos de personas y al empeño de un ejecutivo que, contra viento y marea la sacó adelante.
El ex ministro de Agricultura, Rubén Darío Lizarralde, se echó al hombro esta tarea, hace cerca de cinco años, y demostró que la liquidación no era una alternativa y que Bioenergy tenía más futuro que pasado. “Esta es una empresa que salió adelante, comenzó a generar utilidades y ya tiene cerca de 20.000 hectáreas sembradas con caña de azúcar”, dice Lizarralde, quien afirma que producen alrededor de un millón de toneladas de caña y 74 millones de litros de etanol al año. Para 2027 esperan 1,5 millones de toneladas de caña y 80 millones de litros de etanol, un biocombustible amigable con el medioambiente, que disminuye hasta en 74 por ciento las emisiones de gases de efecto invernadero.
Desde El Alcaraván, Bienergy distribuye este biocombustible, que es utilizado en una proporción del 10 por ciento como mezcla de la gasolina motor. Pero el impacto de esta compañía agroindustrial va mucho más allá porque, además, genera alrededor de 43 megavatios de energía utilizando el bagazo de la caña, con los que no solo opera la planta, sino que la mitad de la energía restante se vende al Sistema Interconectado Nacional (SIN).
Son muchos los planes para el crecimiento y expansión de la empresa. Según Lizarralde, quien se retiró en octubre del año pasado luego de cumplir su gestión y dejarla andando a buen ritmo, aumentarán la producción de caña de azúcar y la venta de alcohol carburante; además, quieren aprovechar una oportunidad para la producción de SAF, un combustible sostenible para la aviación, teniendo en cuenta que una industria como la aérea va a demandar cerca de 350 trillones de litros en el año 2050. También proyectan llegar a nuevos mercados y negociar con japoneses, europeos y estadounidenses.
“Lo más importante es que Bioenergy trazó el camino para que en la Orinoquia y en la altillanura se produjera caña, de manera rentable, que aporte al desarrollo económico de la región y genere 850 empleos directos y más de 3.500 indirectos”, dice Lizarralde, quien ahora trabaja en un proyecto de gran impacto para que en la región se puedan cultivar cinco millones de hectáreas de caña y palma para producir etanol y biodiésel.
El futuro para Bioenergy es muy promisorio. El Alcaraván está volando alto.